Riesgo de deshidratación en el anciano: una amenaza silenciosa

¿Qué es la deshidratación y por qué es más común en los mayores?

La deshidratación ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que ingiere, y esto afecta gravemente su funcionamiento. En los adultos mayores, este riesgo es mucho mayor debido a múltiples factores que se acumulan con la edad.

¿Sabías que muchas personas mayores no sienten sed con la misma intensidad que cuando eran jóvenes?

Eso, sumado a enfermedades, medicamentos y dificultades físicas, puede desencadenar una deshidratación sin que nadie lo note hasta que es tarde.

Factores que aumentan el riesgo de deshidratación en personas mayores

  1. Menor sensación de sed

El mecanismo natural de la sed se debilita con la edad, haciendo que muchas personas simplemente «olviden» beber agua.

  1. Enfermedades crónicas

La diabetes, insuficiencia renal o problemas cardíacos alteran el equilibrio de líquidos y aumentan las pérdidas.

  1. Medicamentos diuréticos

Frecuentemente prescritos en mayores, eliminan agua y sales minerales, favoreciendo la deshidratación.

  1. Problemas de movilidad

Dificultad para levantarse o ir al baño puede hacer que beban menos para evitar “accidentes”.

  1. Disfagia o dificultades para tragar

Muchos mayores evitan líquidos por miedo a atragantarse, sobre todo si no se adaptan correctamente las texturas.

  1. Pérdidas aumentadas

Fiebre, vómitos, diarreas o exposición al calor aumentan la pérdida de líquidos.

Síntomas de deshidratación en ancianos

Detectar una deshidratación en mayores no siempre es fácil. Algunos signos pueden confundirse con otros problemas:

  • Boca seca y lengua pastosa.
  • Piel seca, fría o con poca elasticidad.
  • Cansancio extremo o debilidad.
  • Orina muy oscura o escasa.
  • Mareos, confusión o somnolencia.
  • Caídas sin motivo aparente.
  • Estreñimiento o dificultad para orinar.

Consecuencias de no hidratarse adecuadamente

La deshidratación puede parecer algo menor, pero en el adulto mayor puede desencadenar complicaciones graves:

  • Infecciones urinarias.
  • Estreñimiento crónico.
  • Insuficiencia renal aguda.
  • Hipotensión y caídas.
  • Delirium o confusión mental.
  • Mayor riesgo de hospitalización o muerte.

¿Cuánta agua debe beber un anciano al día?

Como regla general, se recomienda entre 1,5 y 2 litros diarios (unos 6 a 8 vasos), aunque esto puede variar según la salud de cada persona. Si hay insuficiencia renal, cardíaca o hepática, el médico ajustará esta cantidad.

¿Solo cuenta el agua? No necesariamente.

También hidratan:

  • Infusiones o caldos suaves.
  • Frutas con alto contenido en agua (sandía, melón, naranja, uvas).
  • Gelatinas o postres líquidos.
  • Sopas y purés.
  • Suplementos nutricionales líquidos.

Estrategias prácticas para evitar la deshidratación

  1. Crear una rutina de hidratación

No esperar a tener sed: ofrecer agua a intervalos regulares, por ejemplo, cada 2 horas.

  1. Tener agua siempre a mano

Colocar botellas o vasos en puntos visibles y accesibles.

  1. Adaptar la textura si hay disfagia

Usar espesantes para ofrecer líquidos seguros y agradables.

  1. Ofrecer variedad y sabor

Agua con rodajas de frutas, infusiones suaves, caldos caseros… ¡todo suma!

  1. Monitorizar la ingesta

Controlar cuánto líquido se ha consumido al día puede ayudar a prevenir déficits.

Importancia del entorno en la hidratación

Un ambiente tranquilo, acompañado, con apoyo emocional y sin prisa, favorece que la persona mayor se anime a beber. La hidratación también es un acto social: ofrecer una bebida en compañía tiene un valor doble.

¿Qué hacer si sospechamos deshidratación?

  • Valorar signos físicos y mentales.
  • Aumentar la oferta de líquidos.
  • Consultar al médico o personal sanitario.
  • En casos graves, puede requerirse hidratación intravenosa.

Conclusión

La deshidratación en los adultos mayores es una amenaza silenciosa pero evitable. Observar, acompañar y adaptar la hidratación a cada necesidad es un gesto sencillo que salva vidas. Porque cuidar de nuestros mayores también es ayudarlos a beber, aunque no lo pidan.

Preguntas frecuentes sobre la deshidratación en ancianos

  1. ¿El café o el té deshidratan?
    En cantidades moderadas no, pero no deben ser la única fuente de líquidos.
  2. ¿Los ancianos necesitan menos agua que los jóvenes?
    No necesariamente. Aunque su cuerpo cambia, la necesidad de hidratación sigue siendo esencial.
  3. ¿Puedo usar jugos comerciales para hidratar?
    Sí, pero mejor sin azúcares añadidos y como complemento, no sustituto del agua.
  4. ¿Cómo sé si un anciano está bebiendo suficiente?
    Observando el color de la orina, el estado general y registrando la cantidad diaria ingerida.
  5. ¿Qué líquidos son peligrosos para mayores con disfagia?
    Los líquidos claros sin espesar (agua, jugos, café) pueden ser peligrosos si no se adaptan con espesantes.

 

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